El nombre de Los Illuminatis o “Iluminados de Baviera” se conoce desde fines del siglo XVIII, cuando Adam Weishaupt, un profesor alemán de derecho eclesiástico y filosofía práctica de la universidad de Ingolstadt, Baviera, creó esta suerte de organización secreta de lecturas anticlericales.

Cuando se fundó, en 1776, el nombre del grupo fue “Asociación de los perfectibilistas” (por perfeccionable). Luego se llamó “Asociación de sabiduría secreta” y finalmente “Illuminatenorden” (la Orden de los Iluminados).

Su proposito como sociedad secreta su principal finalidad era terminar con el oscurantismo y la influencia que la Iglesia tenía en la política. Estaban en contra del poder ejercido por el Estado y la intervención de la religión en sus decisiones. La meta era el perfeccionamiento del individuo y del mundo en el sentido de libertad, igualdad y fraternidad, creando el llamado “nuevo orden mundial”: un estado único y global con una misma moneda y creencias.

Algunos de sus manifiestos enumeran las siguientes metas a largo plazo:

-Abolición de la monarquía y de todo gobierno organizado según el Antiguo Régimen.

-Supresión de la propiedad privada de los medios de producción para individuos y sociedades, con la consecuente abolición de clases sociales.

-Abolición de los derechos de herencia en cualquier caso.

-Destrucción del concepto de patriotismo y nacionalismo y sustitución por un gobierno mundial y control internacional.

-Abolición del concepto de la familia tradicional y clásica.

-Prohibición de cualquier tipo de religión (sobre todo la de la Iglesia católica) estableciendo un ateísmo oficial.

Un dato curioso es que, dentro de su estructura y para protegerse, al iniciarse, los miembros debían elegir un nuevo nombre, no cristiano, que los identificara. De esa manera, entre ellos mismos desconocían sus verdaderas identidades o rango social. Los puntos geográficos también tenían un sistema de claves (por ejemplo, para referirse a Munich, capital de Baviera, decían Atenas) y hasta las fechas se comunicaban siguiendo un calendario secreto con nombres mensuales persas.

Pero su éxito fue temporal. Los Illuminatis consiguieron infiltrarse en las logias masónicas europeas e intentaron controlarlas ocupando altos rangos de poder, pero su florecimiento duró poco. Las asociaciones secretas, que por entonces había varias, estaban en la mira de las autoridades como responsables de asesinatos y revueltas contra el orden tradicional. Y, en 1784 (a solo 8 años de la creación de la orden), el príncipe Karl Theodor prohibió todas las “comunidades, sociedades y fraternidades” creadas sin su aprobación señorial. Un año después se prohibió específicamente la orden de los Iluminados y la de los Francmasones, y comenzaron las persecuciones a sus miembros. La sociedad se disolvió y desapareció, pero surgió algo aún mayor: las leyendas de las operaciones clandestinas de los Illuminatis, que hasta hoy siguen vigentes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.