El agujero negro es uno de los elementos más misteriosos del Universo: “monstruo” invisible engullidor de estrellas, su existencia fue probada científicamente tras un largo y arduo camino que el Nobel de Física consagró este martes.

El premio fue concedido al británico Roger Penrose, que aportó la prueba matemática, así como al alemán Reinhard Genzel y a la estadounidense Andrea Ghez, quienes hallaron un agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea.

Estos objetos desafían el sentido común hasta el punto de que incluso Albert Einstein, padre de la teoría de la relatividad, dudaba de su existencia.

En 1915, Einstein describió cómo absolutamente todo, desde el átomo hasta la supernova, está sujeto a la gravedad. Y como esta es proporcional a la masa, un cuerpo extremadamente masivo podría en teoría alterar el espacio y ralentizar el tiempo.

Aunque dudaba de su existencia, el científico creía que un agujero negro sería incluso susceptible de parar el tiempo.

Roger Penrose aportó la prueba de que la formación de un agujero negro era una predicción sólida de la teoría de la relatividad general de Einstein.

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