Aunque usted no lo crea, en los años 1960, existió una agencia espacial mexicana llamada “Comisión Nacional del Espacio Exterior (CNEE)”.

ST1 y ST2, fueron los primeros cohetes lanzados por la agencia mexicana, con fines de análisis del clima, siendo el tercer país en el mundo en poner un cohete espacial en órbita, después de Estados Unidos y la extinta Unión Soviética.

En 1967 se lanzó el cohete Mitl alcanzando los 50 km de altura y en 1975 se lanzó el Mitl II alcanzando los 120 km de altura.

Talento nunca nos ha faltado, ya que han existido ingenieros mexicanos como Emilio Gómez, que desarrolló un sistema electrónico de estabilización para los cohetes, sin embargo fue olvidado en la historia y terminó en la pobreza, a pesar de sus contribuciones.

Extrañamente la agencia mexicana desapareció en 1976, o quizá desaparecida por presiones de Estados Unidos y la NASA, dejando en el olvido todo el avance espacial hasta ese entonces.





Se llegó a planear la construcción de la primera bomba atómica mexicana, e incluso el ejército llegó a enriquecer uranio, sin embargo, por la firma del Tratado de Tlaltelolco en 1967, donde México se comprometió a no fabricar armas nucleares, el uranio enriquecido tuvo que ser guardado.

En 2006 se ejecutó el proyecto RCMS de desarrollo nuclear con fines pacíficos, pero fue cancelado por presiones de Estados Unidos.

En 2010, México se comprometió a entregar el uranio enriquecido, hoy día aún no lo ha entregado ni eliminado.

Se rumora que el Ejército Mexicano, sí llegó a fabricar una arma nuclear que se encuentra escondida en algún lugar del Desierto de Sonora.

México cuenta con grandes yacimientos de uranio y plutonio en la zona de Chiapas (con razón andan como perros los gringos detrás del sector energético de México).

Hoy se sabe, que México llegó a fabricar sus propios aviones no tripulados T1, T2 y T3 con tecnología de vigilancia de última generación y duración en vuelo de 16 horas, siendo el primer país en latinoamérica en fabricarlos de forma nativa.

 
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